Jesús Sánchez Jaén
Publicado: 25 - XI - 2025
Cuando se habla
de los etruscos, así en general, se está hablando
de la población del cenro norte de la península
Itálica entre los siglos VIII y III a. de C. Estas gentes,
de las que tenemos noticias escritas gracias a sus vecinos y conquistadores,
los romanos, desarrollaron una cultura urbana muy avanzada a partir
del siglo VII a. de C. que alcanzó niveles equiparables
a los fenicios y griegos contemporáneos suyos. Entre los
ríos Tiber y Arno, y la costa del mar Tirreno en el oeste,
una serie de ciudades de tamaño medio que tenían
una lengua y un panteón religioso común, prosperaron
gracias a la minería, al cultivo de la vid y al comercio
con las colonias griegas del
sur de Italia y de Sicilia, hasta tal punto que ellas mismas fundarían
colonias expandiéndose hacia el norte y el sur de la península
Itálica.
El territorio
El valle del río
Tiber, desde Veyes hacia el norte, constituye un corredor de paso
en el que se instalaron poblaciones importantes como la propia
Veyes, Nepi, Volsinios (Orvieto), Chiusi, Perugia, Cortona y Arezzo.
Al oeste, cercanas a la costa o no muy distantes, se establecieron
Caere, Tarquinia, Vulci, Vetulonia, Populonia y Pisa. En el interior,
dominando los valles fértiles y las colinas metalíferas,
surgieron Bolsena, Viterbo, Siena, Volterra y Fiésole.
Las más importantes constituyeron, según los cronistas
romanos, una especie de federación de doce ciudades, que
no tenían vínculos políticos ni relaciones
de dependencia entre ellas, sino más bien una relación
religiosa. Cada una de elas mantuvo su independencia incluso en
asuntos militares.
Con el tiempo, Caere
y Tarquinia establecerían colonias en la Campania, en torno
a la bahía de Nápoles, donde chocaron con las ciudades
de la Magna Grecia. Chiusi, Perugia, Cortona y Arezzo avanzan
hacia el norte y fundan colonias en el valle del Po (Marzabotto,
Felsina-Bolonia, Spina y Ravena). Y Populonia se dedicará
a la extracción de minerales en la isla de Elba, minerales
que importará en bruto y fundirá en su territorio
en la costa del Valle de Cornia. Otras ciudades del interior,
como Vetulonia, Sovana, Vulci y Grosseto alternarán la
minería y la agricultura para prosperar.
Los orígenes
Desde la Antigüedad
se atribuía a los etruscos un orígen oriental, de
Lidia (Asia Menor). Según Heródoto, habrían
llegado a la península itálica hacia el siglo XIII
a. de C. Las similitudes de lengua y religión entre etruscos
y pueblos orientales podría explicar ese origen.
En el siglo XIX, a esa teoría se añadió otra
que creía ver un origen centroeuropeo, dada la semejanza
de la denominación que se daban los etruscos a si mismos
(rasena) y el nombre de unos pueblos célticos
con los que los romanos se enfrentaron al norte de los Alpes,
los réticos.
Sin embargo las
investigaciones más recientes hablan de una población
autóctona con rasgos culturales orientales por su contacto
con las colonias griegas y fenicias.
Los historiadores
actuales prefieren hablar de cultura etrusca como un conjunto,
y despojar al término «etrusco» de cualquier
connotación étnica. Siguiendo esa línea,
el inicio de la denominada cultura etrusca se sitúa hacia
el siglo IX a.C., en el centro-norte de Italia, directamente conectada
con la cultura vilanoviana, a la que parece sustituir. Ésta
última identifica a un grupo de gentes establecidas a ambos
lados de los Apeninos (valle medio del Po, y cerros y llanuras
entre el Arno y el Tíber). Las gentes vilanovianas practican
la cremación de sus muertos, y depositan las cenizas en
unas urnas bitroncocónicas hechas a mano, de color oscuro
y barro tosco, a veces con forma de choza.
Estas ciudades se
organizaban como ciudades estado similares a las griegas de los
siglos VI y V a. de C. pero estaban regidas or tirarnos o reyes
autócratas. Sobre casi todas ellas se conocen leyendas
fundacionales protagonizadas por héroes que recuerdan a
los personajes homéricos e incluso, en algunas ocasiones,
son esos héroes mismos. Es el caso de Ulises, Córito
o Enéas, que también es el héroe fundacional
mítico de Roma. En otras ocasiones los héroes son
personajes etruscos que protagonizan leyendas. Como ejemplo tenemos
a Auleste en Perugia y Tarconte en Tarquinia.
Cultura
y arte
Los etruscos son
una sociedad de tradiciones que pasan de siglo en siglo. Durante
mucho tiempo se mantiene el ritual de la incineración y
las urnas de tipo vilanoviano siguen siendo comunes en los entierros.
- A partir del siglo
VII a. de C. se hace sentir la nfluencia oriental. En las necrópolis
aparecen lo que se ha dado en llamar grandes tumbas
aristocráticas, tumbas de inhumación,
excavadas a gran profundidad, en las que los difuntos son acompañados
por cerámica y joyería importadas de oriente, así
como por objetos suntuarios de metal. Los cuerpos son inhumados
y enterrados en grandes sarcófagos con una tapa en la que
se les representa tumbados de medio lado, participando en el ritual
del banquete fúnebre. Es el momento de las grandes realizaciones
artísticas, tanto escultura en terracota como pintura:
- En una segunda
fase las tumbas se cubren con techo de piedra, plano
o de falsa bóveda, a veces con techo a dos aguas, y ya
no se excava una fosa profunda, sino que se construye un edificio,
semi enterrado o en superficie, en el que se reproduce una casa.
Es la idea de la vivienda para el difunto, que conecta el mundo
funerario etrusco con la cultura egipcia.
En algunas necrópolis se crean
verdaderas ciudades de tumbas con sus calles ordenadas en torno
a un eje.
En otras se construyen, semi enterradas, tumbas que recrean casas
señoriales o palacios

Necrópolis
de Populonia
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Necrópolis del
Crocifisso de Tuffo (Orvieto)
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Necrópolis de la
Banditaccia, Caere (Cerveteri)
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- En la etapa final se vuelve a la cremación.
Abundan las urnas cinerarias por todo el ámbito etrusco,
especialmente en las necrópolis del norte. Se generalizan
las tapas con esculturas de los difuntos. Diferentes materiales
y diferentes estilos. Se pone de moda la tipología del
obesus etruscus extendida por todo el territorio. Esa
tipología se mantiene hasta el siglo II a. de C. e incluso
más allá en algunos lugares, pero en cada ciudad
hay peculiaridades muy marcadas que muestran gran variedad de
estilos a la hora de representar al difunto recostado en el lecho.
surgen numerosos elementos decorativos para la urna, muchos de
ellos basados en escenas de la vida cotidiana y en los héroes
homéricos.

Volterra
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Siena
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Tarquinia
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Perugia
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Mitos y creencias
La religión etrusca
está marcada por dos factores presentes en todo
el ámbito religioso: la adivinación y
el mundo de ultratumba.
El panteón etrusco es poco conocido,
pero parece ser una mezcla de divinidades locales y
otras de inspiración griega u oriental.
Dioses como Tinia, Turan, Fufnus o
Turms son parte del panteón arcaico.
Otros como Apolo, Marte o Uni (Astarté) son evolución
de cultos locales hacia formas griegas.
En cualquier caso, los rituales estaban
marcados por la aruspicina, centrada
en el examen de vísceras. En los hígados
de bronce o de barro están marcados los sectores
del cielo que corresponden a cada dios (16 dioses)
En el culto a los difuntos se aprecia
como fundamental la celebración fúnebre
en torno a un banquete con danzantes y músicos,
el viaje al más allá y el culto a los
Manes, o espíritus de los difuntos.
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