Cuenta
la leyenda que las Amazonas, en guerra con Teseo, cuando se dirigían
a atacar Atenas se detuvieron en un lugar cercano a la costa Lidia
para orar a Artemis. Allí erigieron una imagen de la diosa
debajo de una palmera. Después hicieron sacrificios y danzaron
a su alrededor.
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Pausanias
nos indica que en aquel sitio existía ya un templo, fundado por Coreso
y Efeso, hijo éste del río Caistro, y del que tomaría
nombre la futura ciudad. Las Amazonas se habrían refugiado en él
anteriormente al ser perseguidas por Heracles. Este mítico templo,
símbolo y orgullo de Efeso durante toda la antigüedad, no debía
ser en tiempos de los héroes más que un pequeño santuario
en el que se adoraba a una diosa de la tierra y de la fertilidad; y así
debió encontrárselo Androclos, el jonio que capitaneaba a los
colonos griegos que, hacia el siglo X a.C., arribaron a la costa y expulsaron
a los Leleges y Lidios, habitantes de "la ciudad alta", en palabras del propio
Pausanias. Siguiendo una práctica común en todas las colonias,
el primer asentamiento se estableció junto a una pequeña bahía,
lo que luego sería el puerto de Coreso, a unos 1200 m. al oeste del
recinto sagrado.
Habrá
que esperar al siglo VI a.C. para que se levante un imponente templo díptero
sobre el santuario primitivo, que compita con el Heraion de Samos. Y para
entonces, la ciudad, en el primero de sus múltiples cambios de localización,
había sido trasladada a las proximidades del Artemision.
Tanto del templo, incendiado en 356 por un personaje deseoso de fama, como
de la población que lo circundaba, actualmente no puede verse ningún
resto, al estar cubierto por los sedimentos y el agua del río Caistro,
que ha ido anegando poco a poco la zona. Este problema ya se les presentó
a los efesios cuando intentaron reconstruir el santuario de Artemis, pero,
como nos narra Plinio, solventaron la dificultad y levantaron un edificio
más grandioso, si cabe, que el anterior:
"
De las maravillas griegas es objeto de verdadera admiración el templo
de Diana de Efeso, que Asia entera tardó 120 años en construir.
Lo levantaron en suelo pantanoso para que no se resintiera por los movimientos
de tierra ni hubiera que temer por las grietas del suelo, pero al mismo tiempo,
a fin de que los cimientos de tal mole no estuviesen en un terreno resbaladizo
e inestable, hicieron un relleno de carbón machacado cubierto de vellones
de lana."
Alejandro
estuvo en Efeso, que se entregó a él rápidamente como
las demás ciudades jonias, en 334 a.C., e intentó colaborar
en la reconstrucción del Artemision. Los efesios, en un rasgo de orgullo
ante el nuevo rey, pero utilizando toda su habilidad oratoria para no ofenderle,
rechazaron su ayuda alegando que no era correcto que un dios construyera un
templo a otro dios. A su muerte, la ciudad fue pasando de mano en mano hasta
que, en 302 a. C., Lisímaco la obtuvo junto con todo el reino de Antígono.
Bajo su gobierno se llevó a cabo la mayor transformación que
sufrió Efeso, que la convirtió en una verdadera urbe helenística.
Para terminar con los problemas que causaba la progresiva inundación
de la llanura, trasladó la ciudad al emplazamiento donde podemos verla
hoy, las laderas de los montes Coreso y Pion, la rodeó de una muralla
de 9 km de larga, parte de la cual puede contemplarse actualmente, y llevó
hasta allí a las gentes de Colofón y Lébedos para aumentar
su población. Efeso fue así la ciudad más poblada de
Anatolia.
Después de esto estuvo bajo dominio seleucida y ptolemaico alternativamente
hasta que en 188 a.C., vencidos los seleucidas por Roma,(que ha empezado a
interesarse por Oriente), pasa a pertenecer al reino de Pérgamo. Pocos
años más tarde, en 133 a.C., formará parte de la herencia
que Atalo III deja a los romanos. Mas en la mente de Roma habrá de
quedar para siempre el nombre de Efeso asociado al dolor y la tragedia; durante
los difíciles años que preceden a la llegada de Augusto al poder
el reino del Ponto va a causar enormes problemas. Su soberano Mitridates VI,
presentándose como libertador de las ciudades griegas, conquista gran
parte de la costa jonia. Apoyado en el descontento de las gentes por los altos
impuestos que han de pagar, en el 88 a.C., desde Efeso, Mitridates da orden
de exterminar a todos los romanos que viven en la "provincia de Asia". En
un solo día son asesinadas 80.000 personas en lo que se conoce como
las "Visperas de Efeso". Pero la maquina de guerra romana es para entonces
irresistible, y no tarda mucho Sila en reconquistar toda la región.
A partir
de este momento recalan aquí importantes personajes de la vida pública,
como Cicerón y Marco Antonio, en el discurrir de las guerras civiles
romanas. Augusto la nombra capital de la provincia de Asia en lugar de Pérgamo,
abriendo así un periodo de esplendor en el que Efeso fue "el centro
comercial más próspero del oeste de Anatolia", como cuenta Arístides.
Es la residencia permanente del gobernador romano, la metrópoli de
Asia y una de las cinco ciudades más importantes del Imperio, y como
tal se va adornando con esplendorosos templos y edificios públicos.
El mejor de ellos, el Artemision construido en época de Alejandro,
tenido en la antigüedad por una de las siete maravillas del mundo, reproducía
casi exactamente el antiguo, aunque en este caso elevado sobre un "podium"
de casi 3 metros de alto. Era un templo díptero de esbeltas columnas
decoradas con relieves (algunos atribuidos a Scopas), una cella larga y estrecha
y un altar frente al "podium".
Una vía procesional enlazaba el santuario de Artemis con la puerta
norte de la ciudad, junto al llamado gimnasio de Vedio. Este es un complejo
compuesto de baños y palestra, asociado al vecino estadio de época
neroniana, erigido en 150 d.C. por Publio Vedio Antonino, uno de los hombres
más ricos de Efeso.
Dos
gimnasios más, muy cerca uno de otro, nos dan idea de la importancia
que la actividad atlética tuvo en las ciudades del oriente griego.
El refinamiento y el lujo con que vivían las clases altas en Asia,
famoso en todo el Imperio, tenía una considerable expresión
en el deporte y el cuidado del cuerpo, que se llevaba a cabo en los baños
y palestras. La proliferación de ellos en Efeso no hace más
que confirmar el esplendor de la ciudad. El
gimnasio y los baños del puerto debieron ser impresionantes. Constaban
de dos palestras que alcanzaban juntas una longitud de 360 metros. Comenzadas
en tiempos de Domiciano, la más grande fue decorada con mármoles
de trece tipos diferentes por Claudio Verulano, sacerdote máximo de
Asia. Todo ello estaba rematado por unos baños cuyas ruinas, todavía
no visitables, muestran unas proporciones inmensas. Casi frente a ellas, al
otro lado de la calle, y empequeñecido por las dimensiones de lo que
le rodea, podemos ver el gimnasio del teatro, en el que encontramos la peculiaridad
de una palestra con gradas en su lado norte, como un pequeño estadio.
Una deliciosa fuente helenística enmarcada por columnas jónicas
da acceso al edificio más representativo, y a la vez llamativo, de
la ciudad, el teatro. También helenístico en origen, fue ampliado
en tiempos de Claudio y de Trajano, alcanzando entonces sus actuales dimensiones,
que llegan a una altura de 30 metros. Los actores y poetas podían dirigirse
a un auditorio de hasta 24000 personas. En tan privilegiado lugar predicó
San Pablo, y en una ocasión hubo de enfrentarse a un personaje llamado
Demetrio, defensor de la vieja religión, que, al grito de "grande
es Diana de los efesios" intentaba agitar a la población contra
él. El episodio fue tan grave que hubo de intervenir el "grammateus"
(magistrado municipal) para calmar los ánimos.
Desde
la grada superior del "auditorium" puede llegar a apreciarse la perfecta
traza del teatro, contrastatada al fondo
con el armonioso efecto que produce la Arcadiana alejándose hacia el
antiguo puerto.Esta calle, que originalmente estaba porticada, se atribuye
al emperador Arcadio por una inscripción, probablemente de alguna remodelación.
En realidad existía desde época helenística y era la
vía triunfal que unía el puerto con la ciudad, por la que hacían
su entrada los grandes personajes. Bajo los pórticos de ésta
amplia calle (11 m. de ancho) discurría un paseo pavimentado con mosaicos,
en el que se situaban un buen número de vendedores a cubierto de las
inclemencias del tiempo. La inscripción antes mencionada nos da idea
del nivel de vida alcanzado en Efeso al decir que cincuenta lámparas
iluminaban la via. El alumbrado público era un lujo del que muy pocas
ciudades del Imperio disfrutaban. Paseando hasta la mitad de la calle aproximadamente,
podemos contemplar una de las cuatro columnas coríntias que servían
de pedestal a las estatuas de los evangelistas que se erigieron allí
durante el reinado de Justiniano.
Volviendo
a la pequeña fuente junto al teatro y caminando hacia el sur, pasamos
por una calle con el pavimento de mármol aún en buen estado.
Es una obra del siglo V d.C. debida a un ciudadano llamado Eutropios, según
lo indica un busto erigido en su honor al pie de la via. Bordeada al este
por los restos de una columnata y al oeste por el basamento de una stoa, termina
en una pequeña plaza a la que se abren varios monumentos. A la derecha
tenemos el edificio mejor conservado de la ciudad, la biblioteca de Celso.
Su monumental fachada, similar a la escena de un teatro, tiene tres puertas
y otras tantas ventanas en el piso superior que iluminarían perfectamente
la sala de lectura, todas ellas enmarcadas por columnas de capiteles corintios
coronadas con frontones triangulares y semicirculares. Los nichos del primer
piso están ocupados por estatuas que simbolizan las cualidades de Celso,
la sabiduría, la ciencia, la fortuna y la virtud. Una inscripción
junto a la escalinata de entrada indica que la librería fue erigida
en 110 d.C. por el cónsul Gayo Julio Aquila como un "heroon"
para su padre Gayo Julio Celso Polemeano, procónsul de la provincia
de Asia del 105 al 106 d.C.. El sarcófago con sus restos se halla en
un nicho bajo la sala central.
Ante la fachada existe un amplio espacio que originalmente debió ser
un auditorio, donde los gramáticos, retóricos y poetas leerían
y discutirían sobre sus obras, pero hacia 400 d.C., cuando se restauró
el edificio tras un incendio, se instaló allí una fuente. Dentro
de ella se encontraron unos relieves en los que se narra la victoria de Marco
Aurelio y Lucio Vero sobre los Partos. Actualmente se conservan en Viena.
Junto a la biblioteca hay una puerta monumental compuesta de tres arcos enmarcados
por gruesos pilares en la que una inscripción en latín y griego
nos recuerda que fue construida por Mazeo y Mitrídates, dos esclavos
liberados por Agripa, quienes la dedicaron a Augusto y toda la familia imperial.
La versión griega está dedicada al "demos" de Efeso,
una alusión a lo que parece ser una especie de autogobierno dependiente
de Roma. Por esta puerta se accedía al mercado de la ciudad, un recinto
de factura helenística pero completado durante los reinados de Augusto
y Nerón con varias stoas. En el centro quedan los curiosos restos de
un reloj de sol combinado con una clepsidra.
Al suroeste
de lo que muchos llaman el "ágora comercial" se levantan los restos
del templo de Serapis, erigido por la comunidad egipcia de Efeso. Estaba cubierto
con una gran bóveda y precedido de un pórtico de columnas coríntias
monolíticas. En época cristiana fue convertido en iglesia y
se le añadió un baptisterio.
Desde
la placita que forman la puerta del mercado y la biblioteca de Celso parte
una bonita calle hacia el este en dirección al ágora propiamente
dicho, la "via de los curetes". Tiene a ambos lados paseos porticados
con espléndidos mosaicos en el pavimento, forma parte de la via procesional
que hemos venido siguiendo, y a ella se habrían innumerables negocios,
viviendas y edificios públicos, que debían convertirla en el
lugar más alegre de Efeso. Casi en el instante de su arranque nos encontramos
con uno más de esos baños públicos que jalonan la ciudad.
Su peculiaridad reside en que, en un primer momento (siglos III d.C.), albergaban
un burdel. Dispone de un "tablinum" decorado con mosaicos bastante
bien conservados, que representan las estaciones, y pueden distinguirse perfectamente
las habituales dependencias de unas termas, si bien es cierto que muy remodeladas
en el siglo IV d.C. por una mujer llamada Escolastikía, cuya estatua
preside el conjunto. A su lado se hiergue un encantador templito corintio,
dedicado al emperador Adriano por su ayuda en la reconstrucción
de la urbe tras un terremoto. Consta de un pronaos, rematado por un arco en
el que se representa a una "Tyche", y una "cella", a la que
se accede por una puerta con un tímpano ricamente decorado con una
imagen femenina surgiendo entre los acantos. En las paredes interiores del
pórtico unos relieves representan a Androclo, Heracles y la Amazonas,
todos ellos personajes relacionados con la legendaria fundación de
la ciudad. Ante el templo se conservan los pedestales de cuatro estatuas de
emperadores, colocadas allí con posterioridad.
Unos metros más hacia el este vemos la fuente monumental levantada
en honor de Trajano. En el centro de un pórtico de dos niveles que
rodeó la taza por tres de sus lados estaba situada la estatua del emperador.
La calle sube escalonadamente una pequeña ladera y, dejando atrás
una nueva fuente y algunos restos más, un gran arco prácticamente
aislado se levanta ante una estructura semicircular. Es una construcción
en honor de Cayo Sextilio Polio, ejecutor de importantes obras públicas,
embellecido posteriormente con otra fuente.
En este
punto es necesario referirse a la manera en que se hacía sentir en
estas ciudades orientales el poder de Roma. Domiciano había exigido
que se le llamara "deus noster" y esto llevó a una revitalización
del culto al emperador. Efeso, sensible al interés imperial por Oriente,
como "la primera y más grande ciudad de Asia", debía
dar ejemplo y dedicar un templo al gobernante deificado. Al tiempo esto le
permitía lograr el título de "guardiana del templo del emperador
", todo un honor para cualquier ciudad; título que sería renovado
con el templo de Adriano. Así, se edificó un templo tetrástilo,
elevado sobre una estructura que creaba toda una terraza artificial, con una
estatua de Domiciano de tamaño colosal, en un lugar de privilegio,
junto al ágora. Esta última es en realidad un recinto donde
se juntaban la mayoría de los edificios de la administración
municipal. Todavía hoy se accede a ella por el final de la calle de
los Curetes, cruzando los dos pilares que quedan de una entrada monumental.
En el interior el conjunto más destacable lo constituyen: los restos
de una basílica de época augustea, donde tendrían lugar
algunos actos de la vida municipal; el Pritaneo, donde se reuniría
el senado de la ciudad presidido por la estatua de Artemis (las dos existentes
en el museo se encontraron aquí) y continuamente protegido por el templo
de Hestia Boulaia, muy próximo, en el que se guardaba el fuego perpetuo;
y por último el Buleuterion, donde se reuniría la asamblea municipal.
Se han encontrado en este último muestras que indican la existencia
de una cubierta que permitiría las reuniones a pesar de la climatología.
Una fuente y unos baños, de especial calidad ambos, y una stoa completarían
el conjunto del ágora.
Poco
más continuaba la ciudad en esta dirección. Un gimnasio, construido
por el sofista Flavio Damiano y su esposa Vedia Faedrina, quienes quisieron
quedar inmortalizados en sendos retratos en el salón principal, supone
el último de estos tan frecuentes centros de la vida deportiva y cultural.
Estaba casi en la afueras del municipio, junto a la puerta Magnesia, erigida
por Vespasiano, que cierra el recinto urbano, (protegido todo él por
los viejos muros de Lisímaco) no sin antes recordar al caminante con
una inscripción que la vía procesional continuaba desde allí
hasta volver al Artemisión.
El lugar
preeminente alcanzado por Efeso en Asia durante los dos primeros siglos de
nuestra era fue el resultado de una larga evolución histórica
plagada de momentos brillantes. Ya en el siglo VI a.C., al amparo de la construcción
del primer Artemision, florecieron todas las artes. Los poetas Calínico
e Iponaso dedicaban sus obras a la diosa, y el filósofo Heráclito
reflexionaba "sobre la naturaleza" de las cosas contemplando las obras del
fastuoso templo.
La fama de la ciudad creció tanto que llamó demasiado la atención
del caprichoso rey Creso de Lidia, quién la incorporó a su reino
en 560 a.C.. Para los propios griegos constituía entonces una de las
"polis" con mayor peso político. Tanto es así que los efesios
llevan gran parte de las negociaciones que entablan las ciudades jonias para
defenderse del avance del "gran rey" en la segunda mitad del siglo, y de aquí
parte el ejército confederado griego para atacar Sardes en la "revuelta
de Jonia". Cuando pocos años más tarde se constituya la liga
délica, la aportación que hace Efeso al tesoro común
da la medida de su riqueza: según Tucídides, en 453 a.C. pagaba
cinco talentos, y en 436 la cifra había subido a siete y medio.
Data de aquel tiempo también el famoso concurso convocado en todo el
mundo griego para hacer una estatua de amazona destinada al Artemision. Participaron
en él los mejores escultores del momento, Fidias, Policleto y Krésilas.
Diodoro nos cuenta que durante la guerra del Peloponeso, la flota lacedemonia,
al mando de Lisandro, estuvo anclada en el puerto de Efeso, y allí
se celebraron asambleas de los aliados, quienes en 407 a.C. derrotaron al
ateniense Alcibíades en Notion, una bahía cercana. Como la guerra
hacia peligrar el festival del Panionion y su santuario situado en Micala,
se trasladó la celebración a Efeso, convirtiendo ésta
definitivamente en el centro de Jonia.
Pero
aquellos años no eran infecundos en cuanto a creación artística.
Plinio nos trae el recuerdo de uno de los llamados "pintores mayores", Parrasio,
quien "natural de Efeso, aportó mucho a la pintura. Fue el primero
que le dió unas proporciones, el primero que logró detalles
del rostro, dotó de elegancia a los cabellos y de gracia a la boca."
La época
romana es la de las grandes obras públicas. Se terminan y embellecen
muchas del periodo anterior y se dota a la ciudad de un complejo sistema de
suministro de agua, necesario para el abastecimiento de una importante población
y de los numerosos baños y fuentes que hemos podido ver. Llegaron a
funcionar hasta cuatro acueductos, uno de ellos de cuarenta y dos kilómetros
y medio. Todavía se recuerda a un arquitecto, C. Sextilio Polio, que
canalizó el agua desde el río Marnas en el primer decenio de
nuestra era, honrado con un monumento cercano al ágora. Este acueducto
se ha mantenido en pie en su mayor parte hasta hace pocos años. Bajo
el gobierno de Augusto, como capital de la provincia de Asia, se convierte
en residencia del gobernador y de numerosos personajes principales, lo que
explica las señoriales casas que se levantan en la ladera del monte
Coreso. Hoy día pueden visitarse dos de ellas, en las que se aprecia
un lujo comparable al de las villas del Lacio o la Toscana. Varios
peristilos decorados con ricos mosaicos, frescos en las paredes, múltiples
dependencias, baños privados, y habitaciones a distintos niveles surgen
al amparo de los prósperos años del Principado, constituyendo
un barrio de elite en el corazón de la ciudad. Sus ricos habitantes
hacen importantes donaciones, levantan monumentos y construyen edificios públicos
como muestra de su liberalidad o su devoción religiosa, como en el
caso del sofista Damiano, quién, en el siglo II d.C., llegó
a cubrir con pórticos y columnas todo el tramo de la vía procesional
que discurría entre la puerta Magnesia y el Artemision, para proteger
de los rigores del clima a los fieles que se acercasen hasta el templo.
En el
siglo III d.C. comienza el declinar de Efeso, acelerado por el ataque de los
godos, que saquean la ciudad y especialmente el Artemision. La extensión
del Cristianismo produce un ligero resurgir y algunos cambios, como la transformación
en iglesia de una basílica cercana a los baños del puerto. Se
dedica a la Virgen María, quién se supone que vivió aquí
sus últimos años en compañía de San Juan. Los
restos de éste son enterrados en la pequeña iglesia que se construye
en una colina próxima al templo de Artemis. El hecho es de suma importancia,
pues la población comienza a trasladarse a los alrededores de la iglesia.
Esto no quiere decir que Efeso pierda prestigio en los siglos IV y V. Antes
bien, parece como si las gentes se aferrasen a su bella ciudad y, al tiempo
que tienen lugar importantes eventos, como el famoso concilio de 413 d.C.,
celebrado en la propia iglesia de la Virgen María, se remodelan algunos
edificios y se construyen otros. Ya hemos visto la calle pavimentada de mármol
por Europeos, y los baños de la "via de los curetes" reconstruidos
por Escolastikia, una mujer cristiana que no tuvo ningún reparo en
emplear materiales del Pritaneo, hasta casi derruirlo, para sus propósitos.
Probablemente data de este momento el ocultamiento de una de las estatuas
de Artemis, que se encontró enterrada con sumo cuidado bajo el suelo
del Pritaneo. Tales hechos sugieren enfrentamientos entre los cristianos,
cada vez más fortalecidos, y los seguidores del culto pagano, sin duda
ya muy escasos. Durante estos años de afán constructivo se crean
unos nuevos baños en las inmediaciones de la iglesia de la Virgen.
Pero
todo ello no va a detener mucho tiempo el fin de la ciudad. Justiniano, probablemente
por motivos de seguridad, construye un castillo en la colina de Ayasoluk,
cerca de la actual Selçuk, y sustituye la iglesia de madera dedicada
a San Juan por una gran basílica. Para ambos edificios se emplean piedras
tomadas de construcciones romanas, en especial del estadio, y se lleva a las
laderas de esa colina a la mayoría de los habitantes.
La vieja ciudad helenística, el esplendor de Jonia, quedará
definitivamente abandonada cuando en los siglos VII y VIII sufra los ataques
de las tribus árabes.
Jesús
Sánchez Jaén
Artículo
publicado en Historia 16, 186, Madrid, 1991, pp. 112-119.
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