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AQUISGRÁN, LA CIUDAD DE UN EMPERADOR

Markplatz de Aquisgrán

Jesús Sánchez Jaén

Publicado: 13 - XII - 2023

El día de Navidad del año 800 la ciudad de Roma amaneció engalanada por un motivo más allá de la celebración religiosa. El gran rey de los francos y los lombardos, Carlos el Grande, iba a ser coronado emperador esa misma mañana por el papa León III. Después de las celebraciones correspondientes, que debieron durar varias semanas, el nuevo «Emperador de los Romanos» y su séquito partieron al norte, hacia la ciudad que desde ese momento sería la capital del Imperio, Aquisgrán. Allí les esperaba la gran residencia que Carlos había ordenado construir sobre los restos de un palacio y unas termas romanas. La intención de convertirse en el continuador del Imperio Romano no pasaba solo por hacerse coronar en Roma, sino también por habitar en un palacio al estilo de los existentes en Constantinopla y en la vieja capital de Teodorico, Rávena.
Las obras para construir el palacio habían empezado seis años antes de la coronación, en 794, y se dice que a cargo de ellas estaba un sacerdote y arquitecto llamado Eudes de Metz, quien construyó un palacio con varias dependencias. La principal era una gran sala de audiencias inspirada en los salones del trono de los emperadores romanos. En el extremo opuesto del edificio, al sur, Eudes levantó una iglesia para el uso privado de Carlomagno. Entre la sala de audiencias y la iglesia había una galería de unión y varias dependencias para el funcionamiento de la corte. Unas termas al este del recinto completaban el conjunto. Para afirmar la idea de continuidad con el Imperio Romano, el palacio fue edificado sobre el centro de la antigua ciudad romana de Aquis Granum, probablemente ocupando el espacio del foro.

Recreación del palacio de Carlomagno en Aquisgrán. En el extremo sur, la capilla y sus dependencias; en el extremo norte, la sala de audiencias sobre la que hoy se levanta el ayuntamiento de Aquisgrán

Por desgracia solo se ha conservado una parte del complejo palaciego, la iglesia, conocida en la actualidad como Capilla Palatina. La desaparición de la dinastía de Carlomagno y los avatares del tiempo dejaron Aquisgrán un poco olvidada, pero durante el siglo XIX recuperó algo de prestigio gracias a sus aguas termales. Actualmente es una ciudad balneario junto a la frontera entre Alemania, Bélgica y Países Bajos, una especie de refugio de tranquilidad en medio del complejo de ciudades industriales que caracteriza a esta zona de Europa Central. Esta especial localización, en la confluencia de varios países, ha dado lugar a una característica muy peculiar, sus diferentes nombres: Aachen (en alemán), Oche (en el dialecto franco de la zona), Aken (en neerlandés) y el más sorprendente, Aix la Chapelle, todos ellos derivados de la raíz germánica aha, que significa agua.

Rodeada de barrios residenciales que han crecido alrededor de los balnearios, Aquisgrán conserva un pequeño centro histórico muy atractivo. La mayor parte de él está peatonalizado, por lo que es muy sencillo recorrerlo a pie o en bicicleta. Nosotros llegamos pedaleando al teatro, un interesante edificio del siglo XVIII, y allí empezamos nuestra visita. A poca distancia del teatro, al noreste, se encuentra el Elisenbrunnen, un pórtico neoclásico que alberga una de las fuentes termales más antiguas de la ciudad. El pórtico se levanto como homenaje a la princesa Elisa de Baviera, hija del rey Maximiliano I, en 1828. Un conjunto de calles muy cuidadas, en las que está prohibido el paso de vehículos a motor, une el Elisenbrunnen con la catedral. Nos dirigimos a la Munsterplatz, justo en el lado sur de la catedral, y ya se aprecia allí la esbelta obra de la Capilla Palatina, que sobresale por encima de la fábrica gótica. Pero antes de visitarla detengámonos un momento en la plaza Fischmarkt para contemplar una de las mejores casas de la ciudad, la Grashaus, un palacio gótico que conserva la fachada del siglo XIII. En el primer piso se abren tres ventanas geminadas con vidrieras, y en el segundo siete hornacinas ojivales con esculturas de reyes y clérigos.

Grashaus, palacio del siglo XIII 

Desde Fischmarkt se accede a la fachada principal de la catedral, que al tiempo es la entrada a la Capilla Palatina. La Capilla, que, como hemos dicho, fue la iglesia privada del palacio de Carlomagno, tiene planta centralizada, con una sala interior octogonal cubierta por una gran cúpula, y una sala o deambulatorio hexadecagonal (dieciséis lados) alrededor. El arquitecto Eudes de Metz se inspiró en la iglesia de San Vital de Rávena, del siglo VI. Las paredes y la cúpula se cubrieron con mosaicos y oro al estilo de las iglesias del emperador Justiniano, y las columnas y muchas piezas decorativas se sacaron de edificios romanos de Rávena y Roma con el permiso del papa León III, quien se plegó completamente a los deseos de Carlomagno. Una vez terminado el edificio, el propio papa viajó hasta allí para bendecirlo e inaugurarlo, asumiendo así que el poder del imperio había pasado de Roma a Aquisgrán. La cúpula octogonal está decorada con mosaicos que representan a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis con coronas en las manos. Todos ellos se dirigen hacia la imagen de Cristo en Majestad, situada justo encima del trono de Carlomagno, en clara alusión a la sede del poder religioso y terrenal. Los mosaicos son una reproducción de los originales hecha en el siglo XIX. La Capilla Palatina es el único edificio carolingio que ha llegado hasta nuestros días, y constituye una muestra magnífica del arte prerrománico, cargado de elementos clásicos y bizantinos (mosaicos, columnas de capiteles corintios y compuestos, planta centralizada, cúpula octogonal, mármoles polícromos, arcos con dovelas de dos colores) con atisbos de lo que será la arquitectura medieval (bóvedas de cañón y arista).

 

Capilla Palatina de Aquisgrán, nave central.

 

Capilla Palatina, parte de la cúpula y arcos que forman la segunda planta.

 

La capilla se completó durante los siglos XIII a XV con el edificio gótico que constituye la catedral. Allí fueron coronados los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico hasta 1531.

La visita a la Capilla Palatina y la catedral nos transporta a una época de ceremonias grandilocuentes, de reyes coronados por papas, y de fiestas religiosas con gran boato. Pero también puede apreciarse, dedicando unos minutos a observar con pausa, la excelencia de un arte que en el siglo IX estaba a punto de desaparecer, de perder su sentido majestuoso heredado de la grandeza del Imperio Romano, para transformarse en algo más recogido, más íntimo, cercano al pueblo y al tiempo transmisor de unos conocimientos que fueron quedando como patrimonio de unos pocos, principalmente monjes y artesanos que en la Alta Edad Media conservaron la ciencia y el arte de tiempos anteriores.

 

Capilla Palatina, mosaicos de la cúpula

La Capilla Palatina y la catedral gótica adosada a ella, vistas desde el sur

Una vez visitada la Capilla Palatina, regresamos a la plaza Fischmarkt y giramos a nuestra derecha, en dirección al Ayuntamiento. Antes de llegar a él merece la pena acercarse a la figura de Carlomagno en el moderno museo dedicado a su persona y a su tiempo. El Centro Carlomagno, en la plaza Katschhof, muestra, de forma muy cuidada, quién fue el gran rey franco y el papel que tanto él como su dinastía jugaron en el Imperio, a través de objetos, maquetas y cuadros de la época de las coronaciones reales en Aquisgrán. El museo es excelente, y como no requiere de una visita larga, se hace ameno para quien quiera adentrarse durante unos minutos, en la Alta Edad Media.

Pocos pasos separan el Centro Carlomagno del Rathaus o Ayuntamiento. Su fachada principal está orientada a la plaza del mercado (Markt), Es un edificio de gótico civil construido en el siglo XIV sobre los cimientos de una parte del palacio de Carlomagno. Su salones son usados para ceremonias civiles, como bodas y recepciones diversas, por lo que es necesario consultar su web si se quiere visitar el interior. Nosotros no lo tuvimos en cuenta, y una boda nos impidió el paso con su comitiva y sus fotógrafos.

Las calles que rodean el Rathaus tienen muchos locales en los que hacer un descanso y probar la comida local. En Kramerstrasse, Jacobstrasse o en los alrededores de Fischmarkt hay buenos lugares donde comer, tomar cerveza o probar los vinos alemanes. Los visitantes aprovechan los días de buen tiempo, escasos en opinión de alguien de un país mediterráneo, para disfrutar de cafés y terrazas en la plazas recoletas que tratan de recuperar el aspecto de los siglos XIV y XV.

 

Torre del Ayuntamiento de Aquisgran

Plano del centro histórico de Aquisgrán

Después de un agradable refrigerio, puede continuarse la visita con dos museos muy peculiares, el Museo de los Periódicos y el Museo Couven. El primero está situado en una casa señorial del siglo XV, al norte del Rathaus, y exhibe una colección de 300.000 periódicos de todo el mundo editados en los últimos cinco siglos. El segundo, el museo Couven, está dedicado a la decoración de las casas de la clase media alta desde el Barroco hasta el siglo XX.

Aquisgrán es una ciudad paseable, y salvo los balnearios de los barrios periféricos, a los que se puede llegar en autobús o bicicleta, es fácil recorrerla caminando, una circunstancia que permite conocer mejor los lugares. Uno de esos paseos puede llevarnos hasta el museo Suermond Ludwig, el museo de arte de la ciudad, con cuadros de Rembrandt, Durero, Lucas Cranach y Zurbarán entre otros pintores famosos.

Calles medievales, plazas tranquilas y balnearios, todo invita a la calma y al disfrute. Si le sumamos la posibilidad de acompañar un café o un té con unos «printen», los famosos panecillos o galletas de Aachen, de sabores variados, podremos pensar que Aquisgrán hace honor a sus remotos orígenes como ciudad balneario en la frontera del Imperio Romano.

Más información en:
https://www.aachen-tourismus.de/en/


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